Un proceso puede combinar pasos muy previsibles con tareas que cambian en cada ejecución. Entender esa diferencia ayuda a decidir cómo automatizarlo.
La pregunta práctica es qué necesita cada paso: una regla, interpretación de información o una decisión que deba mantener una persona.
Un workflow organiza pasos definidos
Un flujo de trabajo puede activarse cuando llega un correo, se crea un registro o cambia un estado. A partir de ese evento, sigue una secuencia con reglas conocidas.
Por ejemplo: recibir un documento, guardarlo en una carpeta, extraer sus datos y preparar una fila para revisión. Parte del flujo puede utilizar IA, aunque la secuencia esté definida de antemano.
Un agente trabaja con decisiones acotadas
Un agente puede interpretar el contexto y elegir entre acciones disponibles para avanzar hacia un objetivo. Esa capacidad necesita límites claros.
Hay que concretar qué herramientas puede utilizar, a qué información accede, cuándo debe detenerse y qué acciones necesitan aprobación.
Ambos pueden formar parte de la misma solución
Imagina un proceso de atención a incidencias. Un workflow registra la entrada y consulta los datos del cliente. La IA interpreta el mensaje y prepara una respuesta con información autorizada. Una regla envía a revisión los casos que no cumplen los criterios definidos.
El diseño se centra en la responsabilidad de cada paso y en cómo se comprueba su resultado.
Diseña también las excepciones
Una automatización debe contemplar lo que ocurre cuando falta un dato, una herramienta no responde o la información es ambigua.
- Define qué situaciones pueden reintentarse.
- Establece cuándo debe intervenir el equipo.
- Conserva un registro de las acciones realizadas.
- Evita que una ejecución duplicada repita acciones sensibles.
Estos detalles forman parte del proceso desde el diseño.
El criterio está en el trabajo
Describe primero la tarea, el contexto y el resultado esperado. Después decide qué combinación de reglas, IA y revisión humana permite ejecutarla con la calidad necesaria.
Ese es el punto de partida de AI-Automation: conectar herramientas y personas alrededor de un proceso que funcione en la operación real.